martes, 27 de mayo de 2014

Descubrimientos.

Lo descubrió como un niño que de pronto encuentra la mañana y la tarde y la noche; y los días y las semanas. El tiempo del diálogo había quedado atrás: ya no podía fingir que ella no era "ella". Su cuerpo había cambiado para siempre, abriendo una brecha insalvable y los afectos de camaradería empezaron a transformarse en algo que parecía profundamente vacío pero esencial. Ese cambio silencioso y sorpresivo interrumpió para siempre el coloquio y cambió las miradas: se había convertido en mujer frente a todos y ahora estaba bajo sus miradas escrutadoras que registraban todo. A partir de ese momento, estaba condenada al monólogo infinito, incesante, detallado, secreto. Su voz ya jamás importaría, sólo para ella misma. Sólo ella se percataría de los cambios de tono, de las buenas y malas observaciones y de todas las cavilaciones. Un monólogo increíble, sin duda, pero privado para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario