Señor, no olvides a esos, tus hijos, también, los escritores por encargo. No alejes de ellos tu mano incendiaria que ilumina sus noches de computadoras forzadas, de correcciones inútiles que a nadie interesan. Sé el fuego que calienta sus lecturas esperanzadas, sé la palabra sagrada que los atormenta y los libera al mismo tiempo contradictorio. Sé su esperanza a las tres de la mañana, cuando por fin terminan el encargo y, ante el blanco de la página creadora, se acercan al Maligno que les cierra los ojos de sueño y de temor. Sé la voz que narra todo lo que ven dentro de su cabeza, sé la inspiración para creer que aún hay cosas que decir del mundo, del hombre y de ti. Permíteles acuñar tu luz en esas inmensas ojeras, en esos gruesos anteojos. Dales el empleo que les permita seguir manteniendo la industria editorial sin la cual, ellos no hubieran encontrado jamás su camino en la vida. Dales el coraje de escribir lo que les venga en gana, de sus amigos, del poder, de ti, aunque después desechen lo que les parezca incorrecto. Haz de sus oídos los mejores para atrapar las canciones de las conversaciones, de sus ojos los espejos del asombro, de sus labios el candado de la expresión, de sus manos el cincel y de su gusto...trata de que sea el mejor. Señor, permíteles ver, permíteles pensar, permíteles imaginar cosas que son reales. Señor, no permitas que el tiempo se los coma, protege el verdadero talento de ser usado por el Maligno en forma de mercado, aunque ellos así te lo pidan. Dales unos pocos demonios pequeños, mi Señor para esas noches de soledad. Señor, sé las cenizas desatadas en sus noches eternas.
Y, Señor, danos paciencia y comprensión a quienes los rodeamos. Haz estériles y frígidas a sus mujeres, haz indiferentes y crueles a sus hombres. Haznos hostiles con ellos, haznos odiarlos mientras están con nosotros para que, en el fondo de nuestros corazones sepamos que ellos son tus mejores corderos, haznos entender que ellos se sacrifican al ser los parias de nuestro mundo. Señor, aleja a sus amigos, dales trabajos de horarios imposibles, llévate a sus padres a tu lado cuando sean buenos y déjalos junto a ellos cuando sean el Maligno. Danos la incapacidad de ver directamente a esos escribidores y el don de odiarlos cuando los percibamos, de olvidadlos fácilmente e intrigarnos hasta la médula cuando los miremos de lejos. Señor, hazlos desagradables a nuestra vista, hazlos detestables a cualquier mirada. Y, sobre todo, Señor, hazlos inútiles para el amor carnal.
Señor, quítales toda la felicidad, dales la consciencia de la soledad del hombre mortal y la doble soledad del hombre que escribe. Pero sobre todo dales, Dios Mío, la esperanza de que ellos podrán escribir algo bueno.
Amén.
Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
—Tuyo es el Reino, tuyo es el poder y la gloria por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles La paz os dejo, mi paz os doy, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
—Amén
La paz del Señor esté siempre con vosotros
—Y con tu espíritu
Daos fraternalmente la paz.
(Varias manos se quedaron vacías, estiradas hacia la nada.)
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