Las puertas están frente a ellas, cerradas, el aire se empaña con sus alientos nerviosos e iracundos. Pasan los segundo eternos y ellas esperan, listas, puestas en las marcas esperando la señal. Tensos los músculos bajo la piel, tenaces los ojos en el camino, furiosa la quietud de la espera. Espera.
Se abren las puertas con un sonido que sobresalta a los espectadores,los pies de tan tensos, olvidan su ligereza y provocan un ruido seco en el piso. Se lanza todas tras la presa: ni un segundo de dubitación, puro instinto de correr, de avanzar, de llegar a la presa. Los ojos fijos en el objetivo y el cuerpo en inmenso movimiento.
Choques. Tarazcadas. Gruñidos. Inspira. Aspira. Saliva.
Y en un segundo todo termina. Después del caos, paz instantánea entre murmullos excitados, luchando por calmarse. Respiraciones acompasadas. Risitas tímidas disculpándose por la bestialidad anterior. Bestialidad. Una vez instaladas en la calma el lugar se inunda de murmullos: cierres, botones, clik y klak de cajas. Suspiros por lo recorrido y por lo que queda por recorrer.
Taxqueña, ocho de la mañana o cualquier otra estación multitudinaria del metro. Sección femenina.
Todas somos perras.
Sección mixta: la selva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario